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Por: MARCO TULIO GUILLÉN BARRIOS
ESCUELA PARA TODOS.
México tiene leyes hermosas que, incluso, son admiradas y, por lo mismo, adoptadas como modelo en muchos países hermanos, constituyendo para los mexicanos el segundo motivo para sentirnos orgullosos: el primero es que de verdad son bonitas, elaboradas con patriótica inspiración de superlativo sentido cívico-social, sin descuidar nada y abarcando detalladamente la vida nacional.

 Lástima que su aplicación en muchos casos sea decepcionante.
 De nuestra Constitución Política se desprenden las leyes que rigen a los Estados Unidos Mexicanos, derivándose de ellas los estatutos y reglamentos de las instituciones, asociaciones civiles, sindicatos y organizaciones sociales.
 LA LEY FEDERAL DE EDUCACIÓN emana del Artículo Tercero Constitucional, dando fundamento a todo lo que se relaciona con la educación en todos y cada uno de los niveles y modalidades, desde el preescolar hasta el superior: LA EDUCACIÓN LLAMADA ESPECIAL no es la excepción, existiendo en este rango, tanto los profesionales especializados para atender a los minusválidos, como instituciones con directriz central en la SEP o la Secretaría de Educación de los Estados y la infraestructura igualmente ESPECIAL, para la atención de la gente con marcadas deficiencias físicas o mentales.
 En nuestros días, y enfocando la atención en la educación ESPECIAL, tengo un cuestionamiento al respecto: ¿CON QUÉ CLASE DE SUSTENTOS LA SEP Y, --EN CONSECUENCIA PORQUE TODO VIENE DICTADO DEL CENTRO--, LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN DEL ESTADO DETERMINARON QUE EL ALUMNO MINUSVÁLIDO TUVIERA ACCESO A LAS ESCUELAS PÚBLICAS Y PRIVADAS DONDE ASISTEN NIÑOS Y JÓVENES “NORMALES” (LES LLAMEMOS ASÍ), CREANDO SERIOS Y DIFERENTES PROBLEMAS?
 Entendemos que son seres humanos; no obstante, aparte de lo que nos hace diferentes a todos, ellos, los minusválidos, son por otras ingratas razones, más diferentes que los demás.
En una pelea de box, jamás se pactará el combate de un profesional de los guantes con un luchador, o el enfrentamiento de un equipo de fútbol contra uno de básquet en cancha de patinaje; o un campeonato de natación con la participación de atletas corredores de fondo en una cancha de tenis, etc. La verdad, no habría equivocación más grande. Entonces, ¿CÓMO ES POSIBLE QUE LAS AUTORIDADES TAN CIEGAS A UNA REALIDAD IRREFUTABLE SE HAYAN SACADO DE LA MANGA LA DETERMINACIÓN DE ORDENAR QUE UN INVIDENTE VAYA A VER LA PELÍCULA DE ESTRENO, O QUE UN SORDO ASISTA A UN CONCIERTO DE GUITARRAS O A UN RECITAL POÉTICO; O A UNO QUE LE FALTAN LAS PIERNAS, A COMPETIR EN CAMINATA, O QUE PRONUNCIE UN DISCURSO ALGUIEN QUE TIENE LABIO LEPORINO AGUDO? Es claro que estas autoridades padecen de su cabecita.
Así como los mexicanos que radican en los Estados Unidos de Norteamérica, o que están de este “lado”, se visten a la “moda” tomando como parámetros las prendas que se ven “bien” en personas de regular estatura o altas, blancas y de pelo rubio, creyendo que con ello ya se convirtieron en altos, blancos, rubios y de ojos azules, muchos padres de familia, cegados por el amor, piensan y creen que con que sus hijos minusválidos sean admitidos en una escuela “normal”, se van a curar………..cuando lo que en realidad hacen es, en muchos casos, exponer a sus enfermitos a que sus propios compañeritos les coloquen etiqueta, poniéndoles el inmediato apodo, mientras provocan también la incomodidad en el profesorado que tiene que tomar cursos especiales para poder brindar la atención adecuada a los alumnitos con problemas también muy especiales.
La verdad no entendemos qué se traen las autoridades perjudicando el avance integral de un grupo escolar con la presencia de quien nunca va a poder con el paquete de conocimientos impartidos por el profesor.
Conozco un caso que provocó, en su momento, una polémica que estuvo fuera de lugar o más bien dicho, no tenía caso.
Establecida la arbitraria disposición de la “superioridad” y prestos todos a cumplirla agachadamente, porque ¿qué más le queda a quien por su falta de responsabilidad en el desempeño de sus obligaciones, si no dejarse imponer todo sin refutar, ni protestar o cuando menos externar su valiosa opinión?, se presentó un matrimonio a inscribir en conocido colegio particular a su hija sin bracitos ni piernas.
La respuesta, muy profesional, que recibieron, fue que el plantel no contaba, ni cuenta con personal especializado en la atención a minusválidos, indicándoles que en esta ciudad de Comitán existe (¿o existía?) la “Anne Mansfield Sullivan” y un CECADE, la primera en el Barrio de La Cueva, y el segundo, en la Calzada del Panteón Municipal.
Los padres, las autoridades educativas local del nivel y quienes apadrinaban el registro de la nena, prometieron comprar todos los materiales que fueran necesarios con tal de que fuera aceptada, pero con lógica educativa y puntos de vista, repetimos, muy profesionales y convincentes, la respuesta fue la misma: negativa, dando pie para que el plantel, su director y todo el personal que allí labora, fueran acremente atacados por varios medios de comunicación como era de esperarse, sin el sustento pedagógico correspondiente por desconocer quienes así lo hicieron, el terreno de la docencia que, dicho sea de paso, aflora del punto de vista de algunos especializados en la materia con los que nos aprontamos a platicar.
Lo cierto es que cuando se tienen hijos minusválidos, a juicio muy personal, debe inscribírseles en escuelas ESPECIALES, instituciones a las que LAS AUTORIDADES DEBEN DAR EL JUSTO VALOR y, en consecuencia, no permitir ni admitir ni propiciar su desaparición con el pretexto de que “no hay presupuesto”, cuando para otras cosas sobra (léase campañas electoreras, entre otros muchos rubros).
 

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