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Por: Roberto Domínguez Cortés

 El cinismo de Pablo Salazar en Chiapas
 La represión y el autoritarismo como forma de gobierno

 Pablo Salazar Mendiguchía fue gobernador de Chiapas entre los años 2000 y 2006, quien desde los inicios de su carrera profesional se ostentó como licenciado en derecho por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

 Cuando se presentó como candidato a la gubernatura del estado, apoyado por los Partidos de la Revolución Democrática, Acción Nacional, Verde Ecologista de México y otros de membrete lo hizo bajo el slogan de “La Esperanza para el 2000.”
 No pasó mucho tiempo para saber que el candidato de esa coalición de partidos era un farsante y un delincuente. Se descubrió entonces que Pablo Salazar, durante años se había conducido como licenciado en Derecho con título y cédula profesional falsos, además de la cartilla del Servicio Militar Nacional y el acta de nacimiento.
En ese sentido respondieron las autoridades de la Universidad Autónoma de Puebla. Lauro Castillo Sánchez, abogado general de la institución, el 28 de abril del 2000 hizo saber al maestro en Ciencias, Pedro René Bodegas Valera, secretario de Educación en Chiapas, que el alumno Pablo Abner Salazar Mendiguchía, había cursado parcialmente la carrera de abogado, notario y actuario con 22 materias aprobadas de las 56 del plan de estudios.
Con fecha 7 de marzo del 2000 la contadora pública, Martha Pelayo Velázquez, jefe del departamento de exámenes profesionales, hizo saber la ausencia de registro para avalar que Pablo Salazar había presentado examen profesional que lo acreditara como profesionista.
Esas dos certificaciones eran suficientes para establecer con toda certeza, la calidad de Pablo Salazar como auténtico falsificador de documentos oficiales y usurpador de profesión. Pero como en México todo se puede, Pablo Salazar en vez de terminar en la cárcel se le premió como gobernador de Chiapas.
La orden para exonerar a Pablo Salazar vino directamente del saqueador del patrimonio nacional, Ernesto Zedillo. Este gran simulador (Rafael Loret de Mola dixit) ya había negociado con el gobierno norteamericano la entrega de la Presidencia de la República al PAN. Chiapas era entonces la primera elección local patrocinada por el PAN y no podía permitirse que Pablo Salazar fuera enjuiciado. Así, la primera elección de Estado en Chiapas benefició a Pablo Salazar cuando se le impuso como gobernador. La segunda, cuando impuso al vicioso de Juan Sabines como su sucesor.
En días pasados José Antonio Aguilar Bodegas, candidato del PRI y del Partido Verde a la gubernatura del estado en el 2006, acusó a Pablo Salazar de haberle robado la elección en ese año. La respuesta del usurpador de profesión y falsificador de documentos fue en el sentido de que cuando él (Pablo) ocupó la gubernatura del estado respetó al PRI y tuvo mayoría en las presidencias municipales y en el Congreso. Y para rematar Pablo dijo a José Antonio: “No sabes perder.”
Lo que no dijo Pablo fue a qué costo el PRI ganó esa mayoría. El ejemplo más dramático de la represión en contra de ediles que no se sometieron a sus caprichos es el del presidente municipal de Tapachula Manuel Pano Becerra. Amenazado por ese simio de la política, Roger Grajales, secretario de Gobierno, se le sentenció que si su hermano Carlos Pano era electo diputado federal sería desaforado.
Pablo Salazar cumplió su amenaza. Obligó a renunciar, bajo amenaza de cárcel, a los regidores en pleno, y con ello provocar la desaparición del ayuntamiento. Ordenó catear la casa de la madre de los Pano Becerra, y a esa mujer de 85 años la policía judicial le puso un arma de alto calibre en el rostro como para dejar constancia de que la represión iba en serio en contra de toda la familia Pano. Ese es el rufián que de nuevo hoy se ostenta salvador de Chiapas.
Y como ese hay decenas de actos represivos en contra de la libertad de expresión, del presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Pedro Raúl López Hernández, de organizaciones campesinas y sindicales, de la Casa del Pueblo en Venustiano Carranza, el asalto al Tribunal Superior de Justicia por la policía judicial, la represión y el encarcelamiento a críticos y opositores, el asesinato de los estudiantes de la normal rural del Estado de México, las agresiones a la normal rural Mactumactzá de Tuxtla Gutiérrez. Y desde luego la riqueza insultante acumulada en un solo sexenato. Cada episodio será dado a conocer con toda precisión para entender quién fue el Pablo Salazar que hundió a Chiapas en la represión y la barbarie.
Por eso Aguilar Bodegas contestó a Salazar Mendiguchía lo que el electorado sabe en Chiapas. Pablo Salazar utilizó el aparato de Estado para imponer a un vicioso drogadicto llamado Juan Sabines Guerrero que no tenía la menor posibilidad de ganar una elección para gobernador.
Pablo sabía que ante tantos pasivos acumulados terminaría en la cárcel y el único que le podía garantizar impunidad era un manipulable como Juan Sabines. De ahí que Pablo Salazar utilizó al Congreso del Estado, el presupuesto gubernamental, el ministerio público, los órganos electorales y la amenaza a los presidentes municipales para inclinar la elección a favor del mayor ladrón en la historia de Chiapas: Juan Sabines Guerrero. Esa es una elección de Estado.
De que Pablo manipuló el proceso electoral del 2006 hay una evidencia irrefutable. Dejó de herencia a José Antonio Morales Messner como secretario de Gobierno quien durante el pabliato fue diputado local y presidente del Congreso. María de los Ángeles Cruz repitió en la secretaría de Desarrollo Social. Y el temible Mariano Herrán en la Procuraduría Estatal. Nadie que hubiera ganado una elección por sí mismo habría aceptado tanta imposición es cargos clave. Sólo que Pablo Salazar se equivocó y Juan Sabines fiel a su naturaleza de traidor lo encarceló a él, a Pablo, al que debía además, la diputación local y la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez.
El pasado 29 de junio, con voz y expresiones de envejecimiento prematuro, desde una biblioteca personal que contrasta con la enorme pobreza (ya hablaremos de este tema también) que Pablo padeció durante 40 años, con todo cinismo contesta en otro video que Juan, el bandido Sabines, ganó democráticamente la elección del 2006.
Con esa aseveración Pablo legitima a su sucesor -al que nunca menciona por su nombre- con lo que en vez de censurarlo se convierte en su cómplice. En una de sus tantas peroratas Salazar Mendiguchía, otra vez cínico, asegura que su gobierno fue un gobierno responsable, pero se equivoca. Si así hubiera sido no habría impuesto a Sabines, al que de antemano sabía de su incapacidad para gobernar. Había el antecedente de la deuda de 900 millones de pesos con que Sabines dejó a Tuxtla Gutiérrez, y sin agua potable a pesar de los 500 millones del préstamo que todavía sigue vigente por más 200 millones después de 13 años.
Pablo se equivoca si cree que sus atrocidades y pillerías ya están olvidadas. Ampliaremos…
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