logo300.jpg

Texto: Roberto Domínguez Cortés

Las traiciones de Enrique Ochoa Reza al PRI en Chiapas

 Después de permanecer dos años como dirigente espúreo del PRI en Chiapas, Roberto Albores Gleason decidió emitir la convocatoria para elegir presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional.

 Albores Gleason fue electo presidente del PRI estatal en agosto de 2011 para un período de cuatro años que debió de haber concluido en agosto de 2015. Así queda de manifiesto con el documento emitido por el doctor Oswaldo Chacón Rojas, presidente del Instituto Estatal Electoral, que en su parte medular explica que en agosto de 2011, el senador Roberto Albores Gleason fue electo presidente del PRI en Chiapas, y no hay registro alguno de nueva dirigencia hasta el mes de abril de 2017.
 La referencia es trascendental porque con base en ese comunicado puede establecerse que Roberto Armando Albores Gleason permanece ilegalmente al frente del PRI en Chiapas. Lo malo de esa grave ilegalidad, es que a partir de esa convocatoria, todo lo que Albores Gleason haga es ilícito: la conformación de los Consejos Políticos estatal y municipal, los comités directivos municipales y, desde luego, la dirigencia estatal priista.
 De ahí que por anticipado puede advertirse que el PRI en Chiapas no existe. Así lo determina el artículo 163 de los Estatutos del propio partido que a la letra ordena: “En caso de vencimiento del período estatutario y de no haberse efectuado la elección respectiva, al concluir el período para el que fueron electos el Presidente y Secretario General de los Comités Directivos estatales y del D. F. (sic) el Comité Ejecutivo Nacional designará a los dirigentes que ocuparán provisionalmente los cargos en el nivel que corresponda. Los dirigentes así designados previsionalmente deberán convocar, en un plazo no mayor de 60 días, a la elección ordinaria respectiva…”
 En consonancia con lo anterior, el artículo 214 de los Estatutos previene que las Comisiones Nacional, Estatales y del Distrito Federal de Justicia Partidaria, tienen la obligación de “garantizar el orden jurídico que rige al Partido y fincar las responsabilidades en caso de incumplimiento a la normatividad obligatoria para todos los dirigentes…”
 Así, cualquier impugnación ante los órganos electorales, por la ilegalidad de cualquier dirigencia, determinará que toda convocatoria, emitida por un dirigente que ha rebasado los tiempos es nula de pleno derecho.
 Enrique Ochoa Reza no sólo ha sido deliberadamente omiso en negarse a acatar las disposiciones estatutarias de su partido, sino que ha cobijado abiertamente a un Roberto Albores Gleason que reiteradamente ha traicionado al Partido Revolucionario Institucional en Chiapas y ha violado flagrantemente la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
 Primero, en el año 2006, el senador Ricardo García Cervantes, presidente del Senado de la República, invitó al senador suplente, Roberto Albores Gleason, a protestar como propietario, de la curul que dejaba vacante el senador Manuel Velasco Coello quien sería candidato al gobierno del estado de Chiapas. El pueril argumento de Albores Gleason se sustentó en que sería postulado como senador propietario. Esa negativo lo hacía sujeto de juicio político al violar el artículo 63 de la Carta Magna, pero no hubo la determinación ni los tamaños para hacerlo responsable Constitucionalmente.
Después, y molesto porque su padre, Roberto Albores Guillén fue expulsado del PRI, por apoyar la candidatura del neoperredista Juan Sabines Guerrero, renunció al PRI. Aliado abiertamente con el vicioso de Sabines Guerrero, y al amparo de su ilegítima gubernatura, Albores Gleason fue secretario de Economía y Turismo, diputado federal, senador de la República y presidente, hasta el día de hoy, del PRI estatal.
A pesar de todos los negativos en contra de Gleason, Ochoa Reza ha sido su mayor alcahuete político. Le organizó un magno evento priista en Comitán para anunciar anticipadamente su candidatura a gobernador de Chiapas, cuando que la sede del PRI es en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Más adelante Ochoa Reza se comprometió a estar en el magno evento en que Albores Gleason rendiría su informe legislativo con cientos de acarreados del programa Prospera. Pudo más la irritación social en contra de Albores Gleason para obligar a Enrique Ochoa a declinar su participación, en un evento ofensivo para lucrar con el hambre y la miseria de los marginados.
Cuando nueve ex presidentes del PRI en Chiapas le pidieron a Enrique Ochoa Reza emitir la convocatoria para remover la dirigencia del PRI estatal, la respuesta del “líder” nacional priista fue de burla y una afrenta al priismo chiapaneco. No sólo se negó a emitir la convocatoria si no que nombró a Albores Gleason secretario de Gestión Social del Comité Ejecutivo Nacional.
Con ello, quedaba Roberto Albores el margen de los Estatutos partidarios, pero con la triple encomienda de ser presidente del PRI en Chiapas, senador de la República y secretario de Gestión Social, en una lamentable triada mientras miles de mexicanos deambulan en el desempleo y hay 60 millones de pobres.
Lo que siguió de burla para el priismo chipaneco ha resultado de antología. Ante la inminente pérdida de la presidencia de la República en el 2018, Ochoa Reza convocó a todos los ex gobernadores priistas para fortalecer un partido en decadencia. A esa reunión llegó como invitado, Roberto Albores Guillén, ex gobernador de Chiapas entre 1998 y el 2000.
La afrenta al priismo chiapaneco no pudo haber sido mayor. Albores Guillén ya no pertenece al PRI. Pero no sólo eso. Fue expulsado vergonzosamente por apoyar la candidatura del mayor ladrón en la historia de Chiapas, Juan Sabines Guerrero, a través de una organización fantasmagórica llamada Fuerza Democrática y a la cual el ingenio popular bautizó como farsa democrática, en la que obligó a participar también a su esposa María Gleason, en abierto proselitismo a favor de Juan Sabines. Ahí están las evidencias gráficas de la ignominia.
Pero Albores Guillén suma en su contra también, el “triunfo” de Pablo Salazar sobre el candidato priista Sami David en el 2000. Albores Guillén ordenó, desde noviembre de 1999, la investigación del título profesional y la cédula falsos del candidato de la Esperanza para el 2000, Pablo Salazar. En vez de hacer público inmediatamente el hecho y proceder penalmente, quiso vender el favor a Sami David y dio a conocer tal irregularidad hasta el 20 de junio de 2000, cuando ya el proceso electoral estaba muy avanzado y Vicente Fox y Ernesto Zedillo tenían especial interés en la gubernatura de Chiapas.
Le falló el cálculo político. Si Albores Guillén hubiera procedido inmediatamente, ningún partido político –PRD, PAN, Verde y cinco más- le hubieran dado la candidatura a Pablo Salazar y su destino habría sido la cárcel.
Así los Albores, Guillén y Gleason, a pesar de sus incontables felonías políticas, todavía son requeridos para salvar a un PRI que irremediablemente se hunde en Chiapas. Esa es la otra gran traición a cargo de Enrique Ochoa Reza. Ampliaremos…
 

Síguenos en Twitter

Únete en Facebook