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Texto: José Marina Penagos.
Eliminar las imposiciones de la niñez

Desde luego, abarca la adolescencia y parte de la juventud donde nuestros padres consideraron que ciertos hábitos son buenos para ti con las mejores y sinceras intenciones y que son indispensables para toda tu vida sin analizar ni discutirlas o porque así se las enseñaron sus padres.

Como maestro de primaria y secundaria y como directivo pude ver una gama de caracteres de los alumnos porque nadie puede negar que cada persona es única en el universo, y que han sido estudiados como prototipos que traen por herencia diversos caracteres físicos, mentales y síquicos, resulta pues complicadísimo tener un patrón de comportamiento en serie de una cantidad de niños, por eso el fracaso de la enseñanza de un maestro frente a un grupo de alumnos todos diferentes.
Otra cuestión insalvable es la inmadurez del niño, adolescente y parte de la juventud, no entienden con claridad lo que pasa; ellos se encaminan a un futuro de inmortalidad, no saben (yo supe) de la vejez, de la enfermedad y de conflictos tan espantosos que nunca imaginamos que aparecerían de repente, en una palabra, nunca estamos preparados para enfrentar asuntos que quiebran brutalmente nuestro equilibrio emocional.
Pero, muchos logran adaptarse y superar riesgos, peligros y circunstancias que se le presentan a diario. Por todo lo dicho, quiero sugerir algo que quizá ayude a sobrellevar este valle de lágrimas.
Si a usted le ofrecieran un trabajo seguro, un seguro médico de calidad, una educación pagada hasta terminar la carrera universitaria de sus hijos, 3 periodos vacacionales dentro o fuera del país pagadas, derechos a clubes deportivos, culturales y artísticos y una seguridad bien vigilada garantizada, ¿porque le ofrecerían tanto? ¿quién los pagaría? Porque todo lo mencionado cuesta mucho dinero.
En términos generales: porque usted es una persona muy inteligente y trabaja incesantemente para su empresa, si todo esto fuera jauja; si todos fueran inteligentes este mundo no fuera tan complicado y aceptáramos humildemente que todos tenemos un final, con una fecha de caducidad que no sabemos.
Resulta que la vida es muy corta si usted llega a los cien años, ¿porqué la admirarían? Sólo son 36 mil 500 días, aquí cabe una fracción de tantas canciones de José Alfredo Jiménez: “no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”, esta expresión encierra una gran profundidad, no sé si José Alfredo quiso que entendiéramos, que no perdiéramos tiempo en asuntos sin importancia y que aprovecháramos el espacio para hacer “lo que nos gustara” y que tendiéramos la mano al necesitado cuando pudiéramos, sabemos que Marx fracasó, que Jesucristo fracasó, que los grandes luchadores sociales han fracasado con excepciones como Mandela, pero se sigue la lucha sin cesar, malos contra buenos, hasta hoy los buenos van perdiendo.
Conclusión: tiene que librarse de creencias dogmáticas que le causan miedo como una religión con liturgia y ritos y otras:
a).- Es una falsedad que santos y vírgenes hagan milagros (nunca se ha comprobado)
b).- Que las familias de apellidos de abolengo y ricas son especiales
c).- Que es un orgullo que un rico te invite a su fiesta.
d).- Que los que traen defectos físicos de nacimiento fueron castigados por Dios.
e).- Que los hombres y mujeres blancos son superiores.
f).- Que nuestros políticos son personas ejemplos para la sociedad.
Por último, procura ser libre de todo lo que te oprima, no tengas miedo porque si lo tienes de todas maneras morirás.
 

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