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Texto: Roberto Domínguez Cortés.
Candidatura de María Elena Orantes, a la baja
En uno de sus tantos desplantes personales y de notoria demagogia, María Elena Orantes aseguró en entrevista: “Voy con todo para el 2018”.
Infame pronunciamiento para alguien que ha demostrado servirse de la política y no servir a la población y al electorado que equivocadamente sufragó por ella.

En su desafortunada alocución se autodefinió como servidora pública de excelencia: “Yo soy una mujer de compromisos y de calidad real en el conocimiento y cariño a mi pueblo. Por eso, más allá de los intereses personales está Chiapas y por supuesto es un honor servirlo hoy, y estoy dispuesta para seguirlo sirviendo”.
Falso. María Elena no es mujer de convicciones sino de intereses, tampoco es de compromiso sino de complicidades, y mucho menos considera un honor servir a Chiapas, si no saca el mejor provecho de los cargos de elección popular que sin alguna trascendencia ha desempeñado.
Nada hay de trascendencia en su actuar legislativo y de beneficio para el Chiapas que dice servir.
Actualmente, cursa como presidenta de la Comisión de Protección Civil de la Cámara de Diputados y su ausencia en las zonas de desastre por el sismo del 7 de septiembre ha sido notoria. ¿Cuántos recursos ha gestionado y obtenido para la reconstrucción en Chiapas? ¿Cuántas veces ha visitado las áreas afectadas y llevado ayuda humanitaria para los damnificados? Si alguna vez lo hace será sólo para publicitarse y tomarse la foto.
Mal hizo pues Dante Delgado cuando el 17 de diciembre, desde San Cristóbal de las Casas, nominó unilateralmente a María Elena Orantes López como su candidata al gobierno del estado de Chiapas.
Se evidencia que la decisión dantesca fue sin el consentimiento del Frente Ciudadano por México y sobre todo del candidato presidencial Ricardo Anaya Cortés.
Para sostener la inviable candidatura de Orantes López, Dante Delgado falseó cuanto pudo los hechos y se remitió a números fantasmas para asegurar que María Elena “es la mejor posicionada de todos los candidatos y no requiere padrinazgos familiares ni del apoyo del poder público regional ni nacional”.
El desafortunado pronunciamiento de Dante quedó en la abstracción y en la indefinición. Ni un solo número ni un solo indicio para sostener su acierto más que su funesta voluntad para darle a María Elena un lugar que no le corresponde y mucho menos se ha ganado ante la ciudadanía y el electorado chiapaneco.
Y contrario a lo pregonado por Dante Delgado, María Elena requiere más, mucho más que padrinazgos y apoyo del poder público para ganar una elección perdida de antemano.
Si de números de trata habría que recordarle a Delgado Rannauro la pobrísima candidatura de Orantes López en el 2012, cuando apenas alcanzó el 17 por ciento de la votación total, contra el 67 por ciento del candidato ganador Manuel Velasco.
Una vergonzosa derrota en la que 50 puntos de diferencia dan cuenta de su escasa capacidad de convocatoria.
Han pasado cinco años y contrario a las cuentas y cuentos alegres de Dante Delgado, la candidatura de María Elena Orantes va a la baja.
Durante todo ese tiempo nada hizo para ganar adeptos y aumentar sus posibilidades de triunfo porque no le interesa, porque sabe de su falta de presencia ante el electorado.
María Elena fue educada en el viejo PRI corporativista y corrupto de decisiones cupulares y en ello confía.
Espera que una decisión desde la cima del Frente la beneficie con la candidatura y entonces sí, convertir la elección en un redituable negocio.
O sea, si María Elena resultara agraciada no le quedará más que resignarse a desempeñar el indigno papel de esquirol.
Ricardo Anaya ya se deslindó del poder público y ha enderezado severas críticas en contra del “PRI impune y corrupto”.
El panorama de los tres partidos que integran el Frente por México es desolador y María Elena terminaría por enterrarlos.
Chiapas no es panista ni perredista y Movimiento Ciudadano es inexistente en el estado.
El PAN ha sido un partido que ha subsistido más por las personas que lo encabezan que por la participación de su militancia.
En 1976, en la capital Tuxtla Gutiérrez, un no panista, el doctor Valdemar Rojas López, aplastó al candidato del PRI Enrique Pedrero Jiménez en una época en que el PRI-Estado detentaba las 32 gubernaturas, los 64 escaños senatoriales y el 98 por ciento de las diputaciones federales.
Bastiones aislados y fugaces panistas, durante los años 80, fueron los municipios de Acala, Arriaga y Huixtla.
Hubieron de pasar 20 años para que en 1995 el empresario Enoch Araujo Sánchez rescatara la capital de cinco gobiernos priístas consecutivos.
El PAN volvió a repetir en 1998 y el 2001 con el médico Francisco Rojas Toledo y Victoria Rincón Carrillo. Pero hasta ahí. El PRI volvió a apropiarse de la capital.
La debilidad panista quedó aún más de manifiesto en el 2012, cuando su candidato a la gubernatura, Emmanuel Nivón, obtuvo apenas el 9.2 por ciento de la votación y finalmente terminó recluido por sus malos manejos como alcalde de Tapachula.
Así, Ricardo Anaya deberá poner especial atención en Chiapas porque el PAN sólo tiene presencia en la capital del estado.
El PRD, fuera del escandaloso fraude electoral en el 2006 perpetrado por Pablo Salazar para imponer al bandido de Juan Sabines, terminó en el ostracismo político.
Y el Movimiento Ciudadano ni por asomo es conocido en Chiapas.
Bajo ese sombrío panorama electoral, María Elena Orantes lo único que garantiza es división y derrota anticipada.
Lo bueno es que la instrucción de Ricardo Anaya ya fue la constitución del Frente por Chiapas a semejanza de la coalición del Frente por México.
Con esa decisión, le enmienda a Dante Delgado su imprudente destape anticipado de María Elena Orantes.
Pero todavía más, quedó en evidencia que el pronunciamiento del ex gobernador de Veracruz, no contó con el aval de las dirigencias del PAN y PRD para adelantar candidato en Chiapas.
El anuncio del Frente por Chiapas fue contundente. En conjunto los representantes del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano definieron como método de elección dos encuestas para elegir candidato, y con un aparente sesgo de candidatura ciudadana, lejos de imposiciones, al convocar a todos quienes deseen participar, sin importar signo ideológico o político.
Las dirigencias de los tres partidos enfatizaron lo que Dante Delgado pretendió hacer por encima del Frente por México.
La posición de los representantes fue precisa: “Les queremos decir que las tres dirigencias buscarán que los mejores chiapanecos y las mejores chiapanecas sean los que encabecen las candidaturas del Frente Ciudadano por México, porque nosotros estamos buscando a esos hombres y esas mujeres que están dispuestos a enfrentarse al régimen…”
Desde luego María Elena Orantes no cabe en esa definición política. Su trayectoria es de la complacencia y de acuerdos soterrados en beneficio propio y no de la causa que dice representar.
Si las dos encuestas no son manipuladas ni dirigidas, la Nena Orantes no tiene la menor posibilidad de ganar.
Ya perdió vergonzosamente en el 2012 y para el 2018 su retroceso político-electoral es evidente.
Pero de su trayectoria todavía hay mucho de qué hablar. Ampliaremos…

 

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