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Por: Marco Tulio Guillén Barrios
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 “NO JUZGUÉIS, Y NO SERÉIS JUZGADOS; NO CONDENÉIS, Y NO SERÉIS CONDENADOS; PERDONAD, Y SERÉIS PERDONADOS”. (LUCAS 10:10).

Si usted revisa, como se estila en la mayoría de usuarios de las redes “sociales”, especialmente en estos tiempos de propaganda electoral, se encuentra todos los días con mensajes nacidos del corazón amargo, no queremos creer que los actores políticos sino quizá de algunos infieles de su propio equipo, textos que ofenden la moral de lo poco que le queda a México y a Chiapas de gente educada, respetuosa y sensible. Textos que enlodan la investidura de los aspirantes de cualquier estatura a ocupar un cargo público y que tienen que soportar comentarios de ataque y desprestigio que, sin límite alguno, se meten hasta la intimidad de la cocina, echándole encima a los precandidatos o a los ya designados candidatos, cuando les va bien, el recado del mole para ensuciar el vestido, de buena o regular tela de honorabilidad humana que sólo se escuda, pobremente, expresando que “nadie es monedita de oro para caerle bien a todos” y, nada más, pues el anonimato utilizado por los agresores no les da la oportunidad a los ofendidos de defenderse como sería justo, en el ring de las descalificaciones contra, --y eso es lo bueno--, una realidad del trabajo realizado y la carrera pública de las víctimas que son la mejor garantía y el contundente aval para que sigan adelante.
 Lo anterior da margen para exhortar a quienes gustan y gozan, como alimento de su venenoso proceder, manchar a los demás, sin reflexionar que sería mejor guardarse sus negativas opiniones y, considerando que lo que tienen en contra de los personajes de tal o cual partido es sustento, para su gusto cívico-ciudadano, PARA NO VOTAR POR ELLOS, PUES NO VOTAR POR ELLOS Y LISTO; y hacerlo por el que les caiga bien, utilizando sus libertades que, para ello, están amparadas por la ley, sin olvidar, en su proceder que “Con la vara que midas serás medido” (Mateo 7:2).


 

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