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Texto: Roberto Domínguez Cortés
Andrés Manuel López Obrador encubre a Juan Sabines en Chiapas
Una de las mayores deficiencias del sistema político mexicano es la ausencia de democracia y la práctica del fraude electoral.
Esas dos variables impiden la sana convivencia entre Estado y electores.

Desde la fundación del PRI en 1929, todas las elecciones han estado precedidas del tufo de la imposición y la manipulación de la voluntad popular.
El gran Lázaro Cárdenas inició la monarquía sexenal hereditaria, con el escandaloso fraude electoral que llevó al general Manuel Ávila Camacho a la Presidencia de la República.
El tiempo y la historia habrían de cobrarle al michoacano esa tradición cuando su hijo , Cuauhtémoc Cárdenas, ganó la elección presidencial de 1988 y terminaría despojado de ese legítimo triunfo en contra del candidato del PRI.
Incluso, cuando el PAN “ganó” con Vicente Fox en el 2000, la elección estuvo precedida de la intromisión presidencial para hacer ganar al ex gobernador de Guanajuato.
En uno de sus múltiples artículos periodísticos, Rafael Loret de Mola asegura que Ernesto Zedillo había acordado con el presidente Bill Clinton la alternancia del poder en México, en un grave atentado a la soberanía nacional.
Dos hechos confirman este aserto. El primero, cuando a Ernesto Zedillo le entregaron las cuentas de los amigos de Fox a cargo de Lino Korrodi, en las que aparecían apoyos monetarios de empresas extranjeras estadounidenses.
Esa circunstancia hacia inelegible al candidato del PAN, y por el contrario, en un verdadero sistema democrático, habría sido prospecto a huésped de un penal de máxima seguridad.
El segundo episodio vino cuando Zedillo, en vez de proceder penalmente, avaló el “triunfo” de Vicente Fox, cuando en usurpación de las funciones de José Woldenberg, presidente del Instituto Federal Electoral, anunció la contundente e inobjetable triunfo del licenciado Vicente Fox Quesada, con apenas el 9 por ciento de casillas computadas.
El otro grave fraude electoral a la PRI se dio cuando en el 2006, Felipe Calderón -haiga sido como haiga sido- “derrotó” a López Obrador por un escaso margen de 0.52 por ciento. Ese fraude electoral fue lo único que hizo bien Vicente Fox de toda su trágica administración y con todo cinismo confesar públicamente: “Cómo me dio lata López Obrador, pero al fin me vengué de él”.
Con todos esos antecedentes ni el PRI ni López Obrador han aprendido de esas imposiciones y fraudes electorales. Por el contrario, siguen con las mismas prácticas y se preparan para continuar con la tradición priísta de más de 80 años.
José Antonio Meade es producto del tradicional dedazo presidencial, aunque hoy, a diferencia del pasado, nada le garantiza el triunfo electoral, y más bien su insólita nominación ha concitado una rebelión priísta que alejará peligrosamente el voto duro del electorado cautivo.
Pero las maltrechas imposiciones priístas no se quedaron en la nominación del candidato presidencial. Alcanzaron también las imposiciones locales en los estados.
En Chiapas, el PRI decidió, unilateralmente, nominar a Roberto Albores Gleason como candidato único a la gubernatura del estado.
La pifia de Enrique Ochoa Reza no midió la respuesta del Partido Verde en la entidad.
El presidente del Tucán en Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, convocó a una rebelión “por la dignidad y en contra de las imposiciones centralistas”.
Esa inesperada insurrección partidaria llevó a la renuncia de 14 diputados locales y 56 presidentes municipales ungidos con las siglas del Verde.
Fue un acto en extremo bufonesco. Ramírez Aguilar, según las crónicas, convocó a 10 mil partidarios en la plaza principal de Tuxtla Gutiérrez en un acto que nada tuvo de espontáneo. Las decenas de autobuses evidenciaron el acarreo masivo de “correligionarios” desde diversos puntos de la geografía estatal.
Lo malo para Eduardo Ramírez fue que con esa multitudinaria concentración, más que capacidad de convocatoria exhibió poder económico para tamaña movilización de un día para otro.
Lo bueno para el diputado fue que obligó a recular al priísmo nacional y hacer una consulta de la cual salga nominado el candidato a la gubernatura PRI-Verde.
La parodia política dio resultado y ahora viene la pantomima. En una aparente consulta se han inscrito el propio Roberto Albores Gleason, el senador por el Verde, Luis Armando Melgar Bravo, el autor de la rebelión Verde, Eduardo Ramírez Aguilar, y ese remedo de político Fernando Castellanos Cal y Mayor, alcalde de la capital Tuxtla Gutiérrez apoyado en un escandaloso fraude electoral.
El resultado de la auscultación es previsible. Albores Gleason, el favorito de Enrique Ochoa Reza y Luis Videgaray, refrendará su candidatura, en tanto que Eduardo Ramírez se vislumbra como aspirante al Senado de la República.
Sólo que ese drama en dos actos pudiera terminar en un cisma hacia el interior del PRI-Verde.
El senador Luis Armando Melgar no se quedará de brazos cruzados. Tiene el apoyo político y económico de Fundación Azteca, con Ricardo Salinas Pliego al frente y Esteban Moctezuma Barragán (secretario de Gobernación de Ernesto Zedillo) vicepresidente de la Fundación, definido por el partido Morena de Andrés Manuel López Obrador.
Esa doble imposición de Albores Gleason le da a Melgar Bravo la posibilidad y el legítimo derecho de cuestionar severamente una segunda nominación manipulada en favor del senador Albores.
Y si no hubiera restricciones, sustituiría al actual precandidato de Morena, Rutilio Escandón Cadenas, quien políticamente nada representa más que el tiempo y el uso indebido de los recursos del Tribunal Superior de Justicia durante el tiempo que tuvo de permanecer como su “presidente”.
De Andrés Manuel López Obrador la ciudadanía y el electorado esperan un pronunciamiento sobre la pésima administración del bandido de Juan Sabines, cuando que llegó a la gubernatura de Chiapas patrocinado con las siglas del PRD y el apoyo de Andrés Manuel.
Desde Chiapas López Obrador ha cuestionado el nepotismo de Rafael Moreno Valle con la candidatura panista de su esposa a la gubernatura de Puebla.
Fustiga a los Moreira de Coahuila por la sucesión dinástica de Humberto hacia su hermano Rubén. Y de los Yunes en Veracruz acusa al gobernador Miguel Ángel de querer imponer a uno de sus hijos como sucesor.
Pero del delincuente Juan Sabines nada, cuando que en complicidad con Pablo Salazar son los responsables del asalto a la gubernatura por Sabines y el grave deterioro social y económico de los chiapanecos.
López Obrador tiene en territorio chiapaneco una excelente oportunidad para hablar de corrupción y la mafia en el poder, con la incrustación vergonzosa de Juan Sabines como cónsul de México en Orlando, Florida.
Del Frente por Chiapas, integrado por PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, todavía no ha definido candidato. Habrá que esperar para tratar de inferir quién de los integrantes de las tres alianzas tiene más posibilidades de alzarse con el triunfo por la gubernatura. Ampliaremos…

 

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