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Por: Marco Tulio Guillén Barrios

>>>>COMO ERA DE ESPERARSE, la reacción de los chiapanecos se manifestó: NO ACEPTAR QUE DESDE EL CENTRO SE IMPUSIERA CANDIDATO A LA GUBERNATURA.

 Mucho tiempo atrás podía escucharse el deseo de que, tratándose de dos partidos fuertes en la entidad, EL ROJO y EL VERDE, cada uno fuera con su candidato pues, dadas precisamente estas circunstancias de parejura, y habiendo gallos para jugárselas en el 2018 para el cargo, ERA LO MÁS LÓGICO y el resultado, ya vimos cuál fue: el descontento, sobre todo de los verdes, bien sustentado por cierto, pues el liderazgo de ese color, quedaba, con la imposición, hecho pedazos.
 OSCAR EDUARDO RAMÍREZ AGUILAR y ROBERTO ALBORES GLEASON, son dos políticos de peso completo. Si el arbitraje es limpio y si en el profesionalismo, honestidad y dignidad de los jueces se manifiesta en cada round en el cuadrilátero electoral la honradez, el respeto a la puntuación producto de una pelea lo más limpia que se pueda, LAS COSAS VAN A PONER MUY BUENAS y serán un ejemplo no solo nacional sino internacional de lo que le dará valor a la democracia que es tan cacaraqueada en nuestro país.
 El primer round está ganado por el Verde que no permitió el centralismo en la decisión delicada del nombramiento del candidato principalmente de la alianza con el Tricolor; el segundo será quien sea el ungido POR EL PUEBLO.
>>>>ES MUY LAMENTABLE que los valores éticos, morales, sociales, cívicos y espirituales se hayan perdido, siendo casi imposible, por lo que se ve, recuperarlos sino con la aplicación de principios de un pasado muy reciente, inculcados desde el hogar (cuando no era comparado éste, el hogar, con una estación de servicios, es decir, en donde nada más se llega a comer y a dormir), siendo los otros la escuela y la comunidad (entorno).
Dentro de estos valores, tocando los cívico-ciudadanos, nos encontramos con la falta de respeto a los Símbolos Patrios: Bandera, Escudo e Himno Nacional no obstante ser la representación de la identidad de México y de los mexicanos.
Si observamos, en los actos conmemorativos o en las izadas de bandera que los ayuntamientos llevan a cabo, los particulares que a esa hora, de casualidad, pasan por las plazas cívicas de los parques centrales, si van de sombrero o con gorra, no se descubren. Si en esos momentos se está entonando el Himno Nacional, no hacen alto para escucharlo, y si es posible entonarlo y, pasado lo cual, seguir su andar. Bueno, ni siquiera los que a esa hora están tomando el sol de la mañana en alguna de las bancas se ponen de pie, violándose en estos casos la Ley y los Reglamentos respectivos.
Desde la década de los cuarentas hasta los setentas, de los que puedo darles razón por haber nacido en el 42, los Símbolos Patrios estaban impregnados en el corazón de cada mexicano, contrario a lo que ahora sucede, con la usual indiferencia de la gente madura, joven, adolescente y niños, y que se distingue por un nomeimportismo de elevada magnitud que lastima, en cierta forma, a los viejos que, atravesados por las lanzas del tiempo, lamentamos el cambio de conducta de la mayoría de las personas, dada la cancelación de la Educación Cívica, Moral y Espiritual en los programas de educación básica actuales.
EN LA LEY SOBRE EL ESCUDO, LA BANDERA Y EL HIMNO NACIONALES, en el Artículo 6º, párrafo segundo, dice: “El Escudo Nacional sólo podrá figurar en los vehículos que use el Presidente de la República (………)”
¿Cómo es posible, entonces, que ahora veamos que con desfachatez y descaro, el Escudo Nacional lo lleven en el cristal trasero algunos vehículos del transporte público (modalidad algunas combis y taxis) y otros particulares o propiedad de algún funcionario de tercera o cuarta clase? La verdad, es inadmisible y motivo para hacer un llamado a las instancias oficiales a que procuren prohibirlo, mientras se hacen las reformas a la Ley para que todo mundo pueda usar este símbolo hasta en los botes de los paleteros. ¿No cree usted?
 

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